La indolencia del Estado hacia nuestros Pueblo Originarios

Si hacemos memoria escucharemos llorar a Rigoberta Menchu, cuando en 1991 y luego de visitar algunas comunidades indígenas, declaró que eran las más pobres que había visto en toda América. Se encuentran entre las más desamparadas en este vasto país, que según la leyenda, podría alimentar al mundo. Los Wichis mueren de hambre y en silencio, sin que la mayor parte de la prensa canalla les dedique una línea.

La comunidad Wichi Las Vertientes acaba de perder a uno de sus hijos, Fidel Frías de tan sólo 14 añitos. Murió por no tener que comer durante su vida entera, por no gozar del derecho a la salud, ni del derecho a su territorio y a su identidad, consagrados en la Constitución. El sistema de salud, salvando múltiples y honrosas excepciones, no hace más que reproducir sin crítica una mirada al indígena entre “compasiva y paternalista”, actitud que denota el desprecio, indiferencia y abandono del sistema «moderno y racional» sobre la «otredad».

Ese destrato, esa discriminación, hizo que este niño regresara a su comunidad a morir, alejándose dignamente del insulto fácil; del desprecio cotidiano hacia quienes evidencian un lenguaje distinto, huelen diferente, se expresan de otras maneras culturales. Este muchachito es un símbolo que nos desgarra a todes, porque es la clara imagen del fracaso de este modelo económico genocida y etnocida.

Los pueblos indígenas han sufrido la muerte, la persecución y su negación desde hace cinco siglos. Los gobiernos nacionales y provinciales, avergüenzan al género humano. Desde ADIUNSa hacemos público nuestro más enérgico repudio e indignación ante este nuevo crimen étnico, social, económico y político, porque el hambre que asesinó a este muchacho y a todo su pueblo, fue decidido en los despachos de quienes nos gobiernan.

                                                                                     ADIUNSa

 

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