Carta Abierta de la Profesora Miriam Barbera

Salta, 22 de mayo de 2018.-

Queridos camaradas, docentes universitarios:

En estos días he visto con preocupación que algunxs compañerxs docentes justifican su falta de apoyo al paro, medida llamada por nuestro gremio universitario nacional expresando que no paran porque “no quieren cerrar la universidad”, o porque en estos momentos del país “hay que permanecer en la universidad más que nunca”, no hay que abandonarla.

A los que esgrimen estos argumentos para no apoyar el paro les digo que, lamentablemente, siento que involuntariamente, están recurriendo a los argumentos del adversario. El cierre de la Universidad Pública como tal ¿sería consecuencia de la huelga docente? ¿No es esto poner en palabras propias los argumentos de la clase gobernante? De hecho, estamos denunciando, entre muchas otras cuestiones, la pérdida de acceso a las universidades de las clases pobres y por esto también paramos.

El paro no nos invita a no permanecer, a dejar la Universidad ¡Todo lo contrario! Llegamos aquí porque queremos quedarnos y estamos viendo amenazada esa permanencia. En respuesta, manifestamos nuestro descontento y una gran diferencia ideológica con el gobierno nacional. Deseamos que se note. Queremos ejercer presión para que no avancen o, al menos para que su camino sea dificultoso. Por eso decimos a quiénes están de acuerdo con nuestro punto de vista, con nuestras reivindicaciones que, si no muestran su adhesión, se están confundiendo, se están mezclando con los del equipo contrario. En estas circunstancias, no hay forma de diferenciarse con ellos.

Hoy, sin importar que las normas internacionales consagren el derecho de huelga como un derecho legítimo al que pueden recurrir los trabajadores y sus organizaciones; el capital en el mundo entero avanza contra la huelga. En la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Europa, y en todos los lugares donde se oyen los cantos de sirena de la flexibilización laboral del neoliberalismo, asistimos a una fuerte embestida contra el derecho de huelga para limitarla, para prohibirla, para quitarle su naturaleza, su principal carácter: la defensa de los derechos laborales.

Los que adherimos a la medida pertenecemos a una agrupación gremial y tenemos consciencia de ello. Sabemos que las decisiones surgidas de los plenarios muchas veces no son las que tomaríamos individualmente, pero tenemos conocimiento del funcionamiento democrático y solidario de nuestro gremio y sabemos que las dudas e inquietudes se plantean en Asamblea, que allí se discuten y se votan las mociones.

La participación y la organización siempre tienen estos riesgos, lo que pensamos óptimo quizás no lo sea para los demás. Lo importante es fortalecer la lucha para conquistar derechos, para esto, el comportamiento correcto será, sin dudas, adherir a lo que democráticamente surja, nos guste mucho, poco o nada. ¿Por qué? Porque de lo contrario estaremos dándole una mano grande a nuestro enemigo, a ese que nos quiere imponer la flexibilización, la precarización, los despidos, el cierre de la Universidad, la condena a la pobreza a las mayorías populares. A esos que ya dejaron a miles en la calle, entre ellos, a nuestros hermanos, amigos, o simplemente, a desconocidos que necesitan laburar como nosotros.

Por último, me da la impresión, ojalá errada, que nos ven a los que paramos como vagos o faltos de afición al trabajo y quieren mostrarse diferentes. Sepan que los incrementos salariales conseguidos, aunque flacos, beneficiaron a todxs los docentes, pero no todos fueron solidarios, ni enfrentaron los riesgos.

Hoy, justo hoy, fueron duramente reprimidos y encarcelados los trabajadores de los subterráneos de Buenos Aires. ¿Por qué? Porque defendían el derecho a las paritarias y a un salario digno para todos los trabajadores de su gremio. Sí compañerxs, la lucha es solidaria, es colectiva, la lucha no es por nosotros, por nuestro pellejo. La lucha es por todxs los de nuestra clase trabajadora, los actuales y los que vendrán. La lucha la ponemos en práctica como podemos y con lo que tenemos. Nos pueden gustar más o menos las formas de llevarla adelante, pero, sepamos que si no acompañamos aquello que consideramos un reclamo justo nos estamos posicionando a la vista de los otros en un lugar resbaloso, cerca, de los contrarios.

                                                           Muchas gracias por la lectura.

                                                                                                               Miriam Barbera

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